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96.- POR SIEMPRE COHEN

         La cámara recorre las gradas. Cambia el plano. Nos vamos a un lateral del escenario, donde una figura delgada, vestida con traje oscuro de rayas, camisa gris y sombrero calado sobre la frente sale de entre bambalinas y se dirige correteando al centro del escenario. Un aplauso creciente inunda el recinto. El señor delgado, mayor -tiene setenta y tres años- se quita el sombrero y se dirige al público agradeciéndole su amabilidad por acudir al concierto. Parece una persona frágil, débil, pero esboza una sonrisa socarrona y empieza a cantar con su inimitable voz profunda: Dance me to your beauty with a burning violin/ Dance me through the panic ’til I’m gathered safely in(Dance me to the end of love)  El viejo seductor ha entrado en acción.

     Hace ya muchos años que oí por primera vez su voz insinuante, sus ritmos pausados, sus hipnotizantes canciones. Leonard Cohen es como un virus. Si te infecta te perseguirá siempre.  

     Veo el DVD del concierto de Londres del año 2008. Es como una bofetada de nostalgia. Dónde estuvimos metidos los dos todos estos años? Qué nos hizo la vida? Joder, al amigo Leonard lo ha dejado como una escoba seca. Pero sigue siendo mi hombre, que caray:  If you want a lover /I’ll do anything you ask me to /And if you want another kind of love /I’ll wear a mask for you /
If you want a partner /Take my hand /Or if you want to strike me down in anger / Here I stand /I’m your man // Si quieres un amante /  haré cualquier cosa que me pidas / y si lo que quieres es otro tipo de amor/ usaré una máscara para tí / Si quieres un compañero / toma mi mano/ o si lo que quieres es abatirme con furia/ aquí me tienes/ yo soy tu hombre
. (I´m your man)

   Durante un montón de tiempo no supe nada de él. Una vez leí que en una revista que para retirarse del mundo de la canción a disfrutar de la buena vida, había vendido por mucho dinero todos los derechos de sus canciones, pero que su asesor financiero le había estafado, por lo que al quedarse sin un mísero euro había tenido que volver a los escenarios.  Así que no tuvo más remedio que bajarse de su torre:  I was born like this, I had no choice /I was born with the gift of a golden voice / And twenty-seven angels from the Great Beyond /They tied me to this table right here /In the Tower of Song // nací así/ nunca tuve elección / nací con el don de esta voz de oro / y veintisiete ángeles del más allá / me tienen atado a esta mesa/ en la Torre de la Canción. (Tower of Song)

        Ya ves. Estoy pasando un período Cohen. Supongo que breve, pero intenso. Este acceso vírico se caracteriza por una intensa melancolía, con intervalos de tedio, bostezos y exclamaciones de “carajo, como pasa el tiempo”.

       Y entre canción y canción leo alguna cosa. Me sonrío con las palabras que Kublai Kan le dirige a Marco Polo  criticando los relatos que éste le hace sobre sus viajes: “Vuelves de comarcas tan lejanas y todo lo que sabes decirme son los pensamientos que se le ocurren al que toma el freco por la noche sentado en el umbral de su casa. ¿De que te sirve entonces viajar tanto? Lo cuenta Calvino en Las Ciudades Invisibles. Y yo me pregunto  ¿Merecen la pena tantos afanes? Hay algo que merezca la pena ver detrás de la línea del horizonte?

    Pero al cabo de pocos días leo el homenaje que Jean Giono hace a Melville, como traductor de su obra, y en unos de sus párrafos  parece contestar a Calvino. Nos relata como un personaje de una de las novelas de Melville dice: <<No veo gran cosa, solamente agua en una considerable extensión>> y otro le contesta: <<Bien, ¿y ahora qué piensas de tu idea de ver el mundo? ¿Todavía quieres ir más allá del cabo de Hornos para ver sólo eso? El mundo entero está allí donde tú estás; no hay nada más>> 

        Así que reposo y buenos alimentos.     

        También leo de cuando en vez algún que otro aforismo del amigo Lichtenberg. Me quedan pocos. Tiene su gracia que entre tanto  pensamiento sesudo el cabrito a veces te salga por peteneras. Por ejemplo, escribe: “Un cierto amigo mío solía dividir el cuerpo en tres pisos: la cabeza, el pecho y el bajo vientre, y deseaba frecuentemente que los inquilinos del piso superior y del inferior pudieran conllevarse mejor“.

        Y estoy leyendo  Un gran chico de Hornby. Con sus humorísticos retratos sociológicos de la vida moderna.

         Y sigo el Hola, Esquire y V. Fair.

          E incluso trabajo.

          P.D. Me gustó este post de  Cohen: arsenicololita

95.- EN BUSCA DEL PADRE

   

           Un poco empachado de la lectura de Tren nocturno a Lisboa, la novela de Pascal  Mercier de la que he hablado a salto de mata en este blog, decidí la otra noche poner el acelerador y leyendo en diagonal, terminar con ella por la vía rápida. En esta novela, se da un repaso a la vida de Amadeu Prado, médico lisboeta ya fallecido, a través de sus escritos.  Entre otros muchos papeles, una serie de cuartillas que deja escritas a su muerte recogen sus pensamientos en torno a su padre, un juez austero y reservado, que se suicidó, y al que Amadeu reprocha su falta de proximidad, de acercamiento íntimo a sus hijos. Yo que viajaba por las páginas del libro como Alonso por un circuito de carreras, de pronto, aminoro la marcha, porque hay unas frases que captan mi atención. En una carta al padre (Ay, Kafka ….) que no llegó a enviarle nunca, Amadeu escribe, refiriéndose al alejamiento, a la frialdad de su padre con sus hijos: “Nunca te vi llorar, ni una sola vez … No eras un hombre desalmado, claro que no. Pero ¿por qué hiciste toda tu vida como si el alma fuera algo de lo que había que avergonzarse, algo inconveniente, un lugar de debilidad que había que mantener oculto casi a cualquier precio?”.

        La carta termina, pero  en una esquina del papel, aparece una nota escrita a lápiz que dice: “¿Qué supe yo acerca de tu fantasía?, ¿Por qué sabemos tan poco de la fantasía de nuestros padres?.” Ahí me he quedé clavado. Alonso se salió de la pista.

       ¿Qué sabes realmente de tus padres lector de este post? No hablo de un breve relato biográfico  con los hitos significativos de sus vidas, ni un anecdotario más o menos prolijo de sus andanzas, ni de unas cuantas frases hechas que te han transmitido como manual de autoayuda. No, me refiero a si sabes algo de sus verdaderos deseos profundos, de sus vocaciones frustradas, sus deseos insatisfechos.  En definitiva, ¿ Qué sabes tú de la fantasía de tus padres?.

       El Domingo cae en mis manos el suplemento dominical de La Voz de Galicia. Catherine Camus, hija de Albert Camus ha escrito una biografía de su padre. Albert Camus falleció en accidente de automóvil a los cuarenta y seis años cuando era una niña, así que Catherine poco pudo saber de las fantasías de su padre en ese momento. Y a lo mejor la propia escritura de su biografía es una búsqueda de ese conocimiento vital.  Catherine nos relata en clave de anécdota reveladora como la muerte de su padre trastocó su existencia diaria: : Yo no supe que mi padre era famoso hasta que murió … mi madre me dijo que debíamos operar a nuestra gata Agatha, la gata que papá me regaló cuando era pequeña. Cuando tenía gatitos, los guardábamos durante dos meses antes de regalarlos. A mí me encantaban. Mi madre me dijo: <<¿Qué vamos a hacer con ellos? Tu padre los regalaba. A nosotros nadie nos los cogerá>>. Y tenía razón. Entonces lo comprendí todo. Y mamá hizo que operaran a la gata”.

 

                                               El cuadro es de Magritte y la foto de Camus con sus hijos.

94.- GUERRAS SANTAS

¿No es extraño que los hombres combatan tan a gusto por la religión y vivan tan a disgusto con sus preceptos?

                                Una vez más el bueno de Lichtenberg.

93.- EPICA FEMENINA

     

   En Retrato de un hombre inmaduro, su protagonista, (¿Cómo demonios se llama?) nos narra de manera errática su insípida vida. Apenas aparece la figura de su esposa, pero cuando lo hace, es como un homenaje a todas estas esposas  cuya vida discurre entre la monotonía del quehacer diario, sin pasado ni futuro, y que se defienden como pueden del hastío, del olvido y sobre todo del insondable aburrimiento del mundo de los hombres (periódico, fútbol, amigotes de bar …) -¡A mí no me miren!-:

      “¿Le he contado que estoy casado? Pues sí, llevo casado muchos años. Mi mujer se llama Inmaculada y es la mujer más sigilosa que usted se pueda imaginar. A veces me levanto con objeto de consultarle algo, la llamo, la busco por toda la casa y no está, se fue sin avisarme. Al ratito oigo su mínimo deambular por una habitación remota. <<¿Dónde estabas, que te busqué y no te vi?>> Y ella: <<Aquí>>, dice, y el eco repite: <<¿Dónde si no?>>. Quizá la casa tiene pequeños espacios donde la realidad no llega en toda su crudeza. Espacios en los que uno no repara, lugares vírgenes no colonizados aún. Y quizá hay personas con un especial don para detectarlos y habitarlos. Hay gente que pasa desapercibida, y a lo mejor lo mismo ocurre con esos espacios, que se defienden de ser ocupados tornándose humildes o vagamente inhóspitos …

      Pues en esos lugares es donde mi mujer se embosca a veces …..

       …. Y si a eso unimos el sufrimiento que el hombre suele causarle a la mujer, veremos que el hallazgo y la ocupación de esos lugares mágicos donde uno está a salvo como en ciertas casillas del parchís haya correspondido a las mujeres, que a falta de otra épica han conquistado territorios ignotos del ámbito doméstico.

      Y sin embargo tan sigilosa como es, cuando sale a la calle con sus tacones y toda su bisutería y su coméstica y su bolso lleno de cachivaches y todos sus artificios de seducción, arma un ruido enorme, parece una caballería …. ¡Pobres, pobres mujeres!”

                                                                            LUIS LANDERO

92.- BANALIDADES

     Miraba la fecha del último post y me decía: “Oesido, es hora de hacer un post literario” y luego pensaba: “A ver, a ver, que yo no soy Oesido” y después: “Qué pereza!“. Y también: “pero si no tengo ninguna obligación de hacer nada” y al final recapacitaba y concluía: “Joder me he convertido en un burócrata bloguero“. Empieza uno un blog de broma, para pasar el rato, y acaba angustiado todas las semanas pensando de qué escribir.

     Estoy leyendo Tren nocturno a Lisboa. El protagonista, profesor de lenguas clásicas, de mediana edad y probable alter ego del autor, Pascal Mercier -y esto me lo invento yo, pero es que eso de los “alter ego” es como muy … seudopijoliterario- a propósito de un doble incidente, el encuentro casual con una portuguesa y la adquisición de un libro de y en portugués, decide abandonar su monótona vida de profesor en Berna y de manera a mi juicio poco creíble, trasladarse a Lisboa para indagar sobre la vida del autor del libro portugués. Esto de abandonarlo todo, el rollito del viaje iniciático que altera completamente tu vida, es muy literario. Levanto la cabeza y miro a mi alrededor: veo “mi” estudio, mis libritos, mi pc, mi musiquita y pienso que ¡ni viaje iniciático ni puñetas, a mí no me mueve nadie del calor del hogar! Que asqueroso y complaciente burgués me he vuelto, Dios mío.

      Bueno pues el libro supone un deslumbrante descubrimiento literario. Eso dice el editor. Y su esposa. Y su madre.  ¿Y? Yo no les voy a contar nada. Preferiría no hacerlo, vamos. Si quieren algo de cancha vean los siguientes enlaces: cuantoyporquetanto,  labibliotecadeasterion.

    Como este libro del tren me cansa un poco, lo alterno con cositas,  … por ejemplo, me leí El extranjero.

     Así que  pensaba comentar algo del El extranjero, que con éste si que queda uno bien; lo típico, el existencialismo, el nihilismo, pensaba preparar algo así como muy filosófico y trascendental, dejando caer aquí y allá alguna palabreja compleja, elaborando alguna frase pretendidamente profunda, enfín adoptando una pose de intelectual al corriente de lo que se cuece en el cotarro. Yo pensaba escribir algo así como que el protagonista, llamado Meursault,  es un ser indiferente a la realidad por resultarle absurda e inabordable. El progreso tecnológico le ha privado de la participación en las decisiones colectivas y le ha convertido en “extranjero” dentro de lo que debería ser su propio entorno. El protagonista, el señor Meursault, comete un absurdo crimen y, a pesar de sentirse inocente, jamás se manifestará contra su ajusticiamiento ni mostrará sentimiento alguno de injusticia, arrepentimiento o lástima. La pasividad y el escepticismo  frente a todo y todos recorre el comportamiento del protagonista: un sentido aburrido de la existencia y aun de la propia muerte. Pero la verdad es que lo que les acabo de decir y que reproduzco en cursiva ya lo dice Wikipedia, de donde lo he copiado literalmente, así que a santo de qué darle más vueltas. La cuestión es: ¿Para que se va a tirar uno el rollo si desde el punto de vista de la crítica, la reflexión o la erudición ya está todo dicho y al alcance de cualquiera  en internet. Uno pincha “El extranjero” , “Albert Camus“, “existencialismo”, “nihilismo” y ahí están todos los datos.

     ¿Que queda pues por decir de El extranjero? Que uno cuando lo lee siente una profunda sensación de incomodidad. Que este libro, teniendo más de cincuenta años, sigue teniendo vigencia. Los Meursault, gente insensible, amoral, siempre han existido. Ese profundo vacío mental, existencial lo atisbamos por todas partes.  ¿No habrá muchos Meursault escondidos entre nuestros vecinos, parientes, amigos, líderes políticos? ¿Son innatos o producto de una determinada educación o de su ausencia?.

     Sobre El extranjero: leergratis,   blogdelibros.     

      También estos días caí en la tentación de comprar una selección de relatos de Guy de Maupassant (considerado uno de los grandes maestros del relato o cuento) que han sido publicados en bolsillo por Debolsillo  y así jubilar mis viejos  tomos de los mismos relatos que poseo desde hace años publicados por Alianza Editorial. He vuelto a releer unos cuantos; me acordaba del archicitado Bola de sebo y otros. ¿Qué decir? Hoy no me sale … vean: epdlp, literareafantastica.

       Hoy no estoy de humor. Estoy inflado de analgésicos y antiinflamatorios. Me duele la puñetera pierna y si tengo que volver a explicar a alguien el motivo de que tenga que caminar usando muletas, ME CAGO EN ….

   Hay días en que uno no está para nada. Pero he escrito mi post. A base de estereotipos. A base de banalidades.  He cumplido con mi obligación bloguera. Y el salario no es malo.

   Por lo menos no tengo que irme a Lisboa a iniciar una nueva vida.  Y además cojo.

  Me voy a ver la tele.  Degradantes Realitys Shows. La vida misma. Como La comedia humana de Balzac, en versión catódica y en el siglo XXI (esto último valga como coartada intelectual).

         Banal: Que es intrascendente, vulgar o de poca importancia”

91.- DEMENCIA CÓSMICA

 

 “Puesto que el hombre puede convertirse en demente, no comprendo por qué no puede convertirse también un sistema cósmico”.

                                Georg Christoph Lichtenberg.

    Bartleby y compañía fue mi segundo Vila-Matas. El primero fue El mal de Montano. En ambos aparecen los no-escritores y por extensión los no-vividores. La no-escritura como postura vital es  elegante. 

     La cuestión es que dice Vila-Matas al comienzo de su libro: “Todos conocemos a los Bartlebys, son esos seres en los que habita una profunda negación del mundo” Y enseguida los emparenta con Robert Walser. En cuanto te descuidas Vila-Matas te conduce a Walser.  Nos dice VM que “Robert Walser sabía que escribir que no se puede escribir, también es escribir“. Me encantan estas frases sentenciosas en forma de trabalenguas que  una vez que las desenredas se te escurren de entre los dedos.

    Robert Walser trabajó de copista, de vez en cuando, en Zurich, en <La cámara de Escritura para desocupados>  -VM jura que esto es verídico- y allí, continúa VM, sentado en un viejo taburete, al atardecer, a la pálida luz de un quinqué de petróleo, se servía de su agraciada caligrafía para trabajar de Bartleby“.

  Pero dejemos de lado a Vila-Matas una vez ha cumplido la función de servirnos de introductor al tema (y ayudar a la lectura de este post, porque es poner su nombre como etiqueta y enseguida acuden los internautas como  moscas a la miel. Perdonen la pillería pero uno tiene su prurito bloguero).

  Omitamos a Robert Walser.

  Toca hablar de Bartleby.

   El abogado narrador del relato contrata a Bartleby como copista de su despacho y nos dice de él: Reveo esa figura: ¡pálidamente pulcra, lamentablemente decente, incurablemente desolada” Enternecedora descripción. Al final del relato,  cuando el pobre escribiente  reposa dormido “con reyes y consejeros” a los lectores se nos hace un nudo en la garganta ante el desvalimiento de Bartleby. El saber tan poco de él paradógicamente aumenta la capacidad de que quede fijado perennemente en nuestra memoria, porque cada lector creará un Bartleby a la medida y semejanza de su imaginación.

    En este relato  hay dos personajes centrales. Por un lado está Bartleby.  De él todo se ha dicho y escrito, por lo que a qué añadir nada; preferiría no hacerlo.

   El segundo personaje clave del cuento es el narrador de la historia,   al que sin embargo se ningunea.  Los datos que poseemos de él son escasos y provienen de lo que él mismo nos dice. No sabemos su nombre. Ni si está casado, si tiene hijos, ni de sus gustos o inclinaciones. Esto es lo que nos cuenta: “Soy un hombre de cierta edad“. Soy un hombre que desde la juventud ha sentido profundamente que la vida más fácil es la vida mejor“. “Aunque he pertenecido a una profesión proverbialmente enérgica y a veces nerviosa hasta la turbulencia, jamás he tolerado que esas inquietudes conturben mi paz“. “Soy uno de esos abogados sin ambición“. “Raras veces me enojo; raras veces me permito una indignación peligrosa ante las injusticias y los abusos“.

     En el despacho de este hombre recala Bartleby para trabajar como copista. Al principio, su jefe está encantado con la eficiencia mecánica de Bartleby. Hasta que es asaltado por su  aguda crisis de inacción y a toda orden responde mecánicamente con su “preferiría no hacerlo”.

   ¿Que ha de hacer entonces su jefe, el narrador?  Ante la actitud pasiva de Bartleby, nos dirá: Por primera vez en mi vida una impresión de abrumadora y punzante melancolía se apoderó de mí“. Pero esta es la primera sensación. A este hombre cómodo, el que Bartleby le venga a complicar la vida obligándole a actuar, no le va a predisponer a su favor. En un principio se compadece de él, pero: “A medida que la desolación de Bartleby se agrandaba en mi imaginación, esa melancolía se convirtió en miedo, esa lástima en repulsión“.  Sí, sí, en un principio Bartleby le da pena pero al fin y al cabo es una persona con la que no tiene ninguna responsabilidad, a la que ha contratado para hacer un trabajo, que no cumple, y que encima ocupa un local de su propiedad, negándose a irse. Además Bartleby no se deja ayudar de ninguna manera. Por eso, aunque en un principio hay un sentimiento de piedad, “cuando se percibe que esta piedad no llega a un socorro efectivo, el sentido común ordena al alma librarse de ella

    Melville nos presenta dos personajes ineficientes (¿?).  El abogado acepta que tiene que vivir pero es un hombre cómodo,  quiere que su vida discurra sin complicaciones ni sobresaltos, no quiere problemas. Por eso ha elegido un trabajo rutinario, monótono, sin dilemas morales o éticos.  Bartleby, por su parte, ha llegado al extremo de la inactividad. Ha decidido declinar toda acción y vegeta parado en una esquina de la oficina. Cuando uno se dirige a él apenas contesta, sólo pide que se le deje en paz. Y el abogado cómodo se encuentra con un tremendo problema: un hombre inofensivo irrumpe en su vida, como un tumor benigno pero incómodo. ¿Qué hacer?

   Y así hemos llegado al autor del relato, Herman Melville.  

    ¿Como es posible que a partir de un hombre anodino que elimina de su vida toda emoción y de un hombre  inactivo que decide no vivir, elabore un relato genial?

     Cuando acabamos de leer Bartleby el escribiente, nos quedamos indecisos,  sin saber bien qué pensar.  De lo que no cabe duda es de que hemos participado de un rito literario importante.

    Y nos preguntamos: ¿Pero este Melville no es el que había escrito eso de la ballena …. Moby Dick?

     Desde el punto de vista lector, el año 2009 ha sido un año de transición. No he hecho grandes descubrimientos pero por contra creo haber reafirmado mi gusto lector. Entre los escritores descubiertos citaría en primer lugar a Perec. Su libro La vida, instrucciones de uso, (post 9) ha sido el libro estrella del año recién acabado. Me deslumbró como intento de literatura total,  que trata de meter en un saco todos los estilos, todas las palabras, todas las voces … he ido comprando el resto de sus “libritos”  (Me acuerdo, El gabinete de un aficionado, Ellis Island, Lo infraordinario, Las cosas) y cuando el cuerpo está de Perec, me retiro en mi rincón y me los engullo de un trago. Perec, como otros, no es escritor de aquí/te/cojo/aquí/te/mato. Requiere una preparación lectora, informarse un poquito, pornerse en disposición de … por eso si uno se apresta a leerlo como el que coge a Ken Follet o a Carlos R. Zafón se choca contra una pared. Lo mismo pasaría con Bolaño y su 2666 o Los detectives salvajes. Lo digo por los jóvenes que frecuentan estas páginas y a veces cocean cuando se enfrentan a autores como los citados.

      El segundo motivo de regocijo del año ha sido el empeño lector totalizador de Nabokov (post 80, post 64, post 59), . Al amigo Vladimir lo frecuentaba desde hace muchos años esporádicamente. Pero como en los últimos tiempos me ha entrado la obsesión de machacarme a los autores favoritos, como no empezar con un genio como Nabokov. Poco puedo decir de él y menos quiero, ya que como he insistido tantas veces en estas páginas, no soy, ni pretendo ser crítico literario, me basta con sobrevolar por lo más visible de los escritores, darles una vuelta, hacer un par de chistes malos, y esperar que a alguien le sirvan mis estupideces para animarle a leer y compartir conmigo sus experiencias lectoras. De Nabokov leí este año Mira los arlequines, Risa en la oscuridad, la verdadera vida de Sebastián Knight y Pálido fuego.

       El último descubrimiento a citar sería el de Boris Vian (post 54, post 60), . LLegué a él por casualidad/curiosidad y eché un vistazo fugaz a su vida y a su obra, una y otra sorprendentemente intensa por lo breve de su vida. Leí La hierba roja, La espuma de los días,  un libro de poemas, escuché algunas de sus canciones y en definitiva, no sé si me quedará de él una huella imborrable, pero sí en todo caso un recuerdo agradable.

     Y aparte de estos clásicos hubo unos cuantos escritores de feliz lectura. Descubrí a Baricco (post 49), que con Esta historia me hizo pasar un rato muy agradable; al español Ignacio del Valle (post 57), del que me asombró su entretenida novela El arte de matar dragones y me aburrió profundamente la continuación de la saga, El tiempo de los emperadores extraños; leí a Agustín Fernández Mallo, del que me gustó mucho Nocilla dream, aunque tampoco es que con el estilo de esta obra descubriera América como algunos (¿quizás él mismo?) pretenden; me entretuvo mucho Hanif Kureishi y su Buda de los suburbios (post 71); por supuesto Luis Landero (post 85); también lo pasé estupendamente con cosas de Barnes, Lanchester, relatos de Turgeniev …y por último citaremos como descubrimiento español del año a Juan Bonilla (post 42). Parece que no es un autor excesivamente conocido a nivel comercial, pero sin embargo, a mi me parece de un nivel muy interesante. De él leí este año pasado la novela Los príncipes nubios y muchos de sus relatos, esparcidos en distintas recopilaciones.

    ¿Y chascos? Hubo también varios. Aunque sobre gustos no hay colores. Lo que a mí me deja indiferente a otros les puede entusiasmar. No me ha gustado Natsume Soseki (post 34); su libro Botchan me pareció insípido. Tampoco me entusiasmó Antonio Orejudo (post 25) con su Fabulosas narraciones por historias; tanta escatología acabó de atragantarme (y  ojo! pertenezco al género chabacano de los que se tronchan con un enorme y sonoro pedo explosionado en según qué momento y lugar). Tampoco me subí por las paredes con la lectura de Jersusalen de Gonzalo M. Tavares (post 48), a pesar de que lo recomiende Vila Matas. Y por último, el premio al Pestiño del año con distintivo púrpura se lo doy a Coetze (post 62). Y me doy golpes de pecho. Seré yo el ignorante y habré elegido mal los libros, pero lo cierto es que me pareció depresivo, monocorde, tristón …

   Lo que más me dolió fue que a final de año llegaron dos obras de autores favoritos míos en las que puse mucho entusiasmo y …. Auster (post 82) me dejó indiferente. Su Invisible me pareció más de los mismo. Para los que hemos leído toda su obra, es releerla de nuevo. Y más decepcionante fue lo último publicado de Murakami (post 87), El fin del mundo y … hasta me aburre su título. En primer lugar es un engaño editorial, porque lo lanzan en navidades como novedad, cuando es la publicación en España de una obra de 1.985. Y es mu modelna pero yo no sé por donde cogerla, sobre todo porque frente al posterior Hurakami, que es tremendamente adictivo, este M. de los 80 es soporífero.

     Y en el año 2.010 ¿qué?

     Pues como siempre a pasarlo bien. Veo la pila de lecturas pendientes y me echo a temblar.

     Lo primero que quiero  es  leer aquellos libros que adquirí en base a recomendaciones de amigos:

     Mucho ha insistido Manu con Jonathan Coe. Pues tengo listo su La lluvia antes de caer. Va a ser la próxima lectura cuando termine el libro actual: Tren nocturno a Lisboa (ya os contaré, en principio mmmm bien).

     Magda me recrimina que no abunden las escritoras por este mi barrio y tiene razón (el año pasado me sirvió también para descartar a Banana Yoshimoto). Aunque estoy esperando sus recomendaciones, me he adelantado y tengo preparada para ya a Imma Monsó y su novela Una tormenta.

    Me hablaron en La periódica revisión dominical y yo creo que también Leox de Mario Levrero. Tengo a la espera La novela luminosa, única obra que he encontrado en España en las estanterías de las librerías. Tengo una buena premonición con Levrero, a ver …

     Este año también, no lo he dicho, redescubrí a Italo Calvino. Leí Si una noche de invierno un viajero y fue una interesantísima lectura, a la que, como decía de Perec, hay que acudir avisado, porque no es fácil, ojo de nuevo! También ésta se la debo a Leox. Y tengo lista Las ciudades invisibles

    Otra lectura que tengo preparada es Relatos autobiográficos de Thomas Bernhard que agrupa sus relatos El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño. Yo creo que leer a Bernhard, como decía en el post correspondiente, es prueba de haber entrado en una cierta madurez decrépita, porque a la juventud es consustancial un cierto optimismo vital. ¿O no?

    Y también espero leer novelas fáciles, entretenidas y distendidas que no todo ha de ser ir de listillo por la vida. Tengo ganas de leer Ollos de auga de Domingo Villar, en este caso escrito en lengua gallega que no hay que olvidar la lengua de la tierra.    

    Y cierro esta reseña de libros leídos y propósitos lectores, citando al escritor en el que me propongo ahondar en este año 2.010, indagando en su vida y su obra: Herman Melville. Me despertó la curiosidad la lectura de su archiconocido Bartleby el escribiente en una impecable edición de Siruela, traducido por Borges (¡toda una delicatessen lectora!). Melville parece ser un adelantado de su época, un indagador de elementos sicológicos y morales como el bien, el mal …. viajó por el mundo, triunfó, fracasó, subió, bajó … bueno, bueno, a ver que da de sí, ya iré descubriéndolo.

   Un último comentario. No solo he leído libros,  también he visitado muchos blogs. Todos aportan algo, pero me gustan los más literarios o metaliterarios. De entre ellos, vale como ejemplo el blog Devolución y préstamo; echar un vistazo a algunos de sus post, pinchando en el nombre: Encontré tus libros, Yo lo leo y usted se muere, y el que más me gusta, La lectora B.

      Y eso es lo que hay de momento.  Empieza un nuevo año lector. A ver que tal se da. Quiero aprovechar estas líneas para mandar un fuerte abrazo a todos los que en algún momento me habeis acompañado en esta ruta y agradeceros vuestras palabras, comentarios y consejos. Un fuerte abrazo para Palo, Magda, Anti, Gonzi, Manu, Bob, Leox, Borja, Diego, Juanmar, Fido, Mario y en general todos los que visitasteis esta humilde esquina bloguera.

      Felices lecturas 2.010!

88.- JAPI NIU LLIA

      El malabarista nos advierte sobre el paso del tiempo; el gran circo del mundo discurre ante nuestros ojos;  el teatro de la vida  continúa función tras función; somos espectadores o actores, ¿hay alguna diferencia? Y la gran señora resguardada en su oscuro manto lo observa todo desde un lateral, apenas visible. Al fondo, la familia, el hogar,  lo que fuimos, lo que podemos ser…. pero no hay tiempo para la nostalgia; el malabarista agita sus alas, mueve sus piernas, la música invade la escena.  Esto es lo que hay señores. Un año más o menos.

                        Marc Chagall: El malabarista

       Murakami. Su último libro publicado (reeditado). El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. A lo largo de la novela se alternan dos historias paralelas.

     En una de estas historias, un anciano investigador contrata a un calculador para que le ayude en su trabajo. El calculador es un especialista en analizar valores numéricos  que transfiere de su hemisferio cerebral derecho al izquierdo. ¿Que cómo se hace eso y para qué sirve? Joé pues no sé, según se nos explica en la novela  parece que los tinieblos se han unido a los semióticos y la cosa se puede poner dura.

      En lo otra historia, otro tipo es llevado a la ciudad. Antes de entrar, los soldados que la custodian le obligan a desprenderse de su sombra. Y una vez dentro es conducido a la biblioteca donde se tiene que encargar de leer sueños. ¿Que cómo se hace eso y para qué sirve? Jo, ya está bien con las preguntitas!  

     Lo que me agradó es que al calculador le atrae una especie de azafata que conoce en el trabajo. Es nieta del investigador que lo contrata. Es una joven gordita. Y al calculador le pone. Eso está muy bien. Con tanta anorexia, bulimia y flatulencia, está bien que sea objeto de deseo una chica entrada en carnes. Ahí el Murakami ha estado acertado y socialmente pedagógico.

    Así que yo quería hacer un post loando la presencia de una chica gordita en un papel semiestelar. Necesitaba para ello una imagen de una japonesa rellenita, de manera que me voy a Google y escribo “chica japonesa gordita”. Me sale un listado, pincho en imágenes y …. nada; ni una japonesa gordita. Aquí me sale el gran políglota que llevo dentro y escribo “japanese woman fat”. Y tampoco, ni una foto. En cambio encuentro una portada de libro que es la siguiente:

     Total, que no hay japonesas gorditas. 

      Estoy en la página 90.  Que más …. ah sí! todavía no ha salido ningún gato.

     Dice la contraportada que M. en este libro “tiene una insondable habilidad para trazar la cartografía de la desazón, combinando ciberpunk, novela negra, relato fantástico y reflexión moral a un ritmo trepidante  y bla, bla, bla …” Y yo sólo me fijo en la chica gordita. Claro que si ya no entiendo bien lo que quiere decir la contraportada con lo de la “cartografía de la desazón” como no me voy a perder con lo de “los tinieblos y los semióticos”.

      ¡Nunca debí dejar de leer a Mark Twain! ; aunque a lo mejor Tom Sawyer admite también segundas lecturas y yo sin enterarme.

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