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Un libro excepcional:

Flann O´Brien. El tercer policía

          Joyce, casi ciego, leía a O´Brien todos los días antes de acostarse.  Updike dice de él esto o aquello.  Harold Bloom, el del Canon occidental (más bien anglosajón)  sitúa dos de sus novelas,  El tercer policía y Crónica de Dalkey como dos de las obras fundamentales de la literatura elterceringlesa del siglo XX. Y el Vila-Matas  coloca otro libro de O´Brien,  En Nadar-Dos-Pájaros, dentro de su biblioteca ideal.

Y tú que empiezas el libro y a eso de la página treinta empiezas ya a alucinar. Porque todo el libro, como argumento, es un despropósito inclasificable.  El protagonista se ve inmerso en un viaje , no sé si iniciático o terminológico, en el que nada tiene sentido.  Como el viaje a Itaca, lo importante no es llegar, lo que importa es el recorrido, o ni eso tampoco. No; lo importante es la literatura. A lo largo de la novela, O´Brien despliega toda clase de recursos y  técnicas literarias. Y sobre todo juega con la escritura,  se lo pasa bien escribiendo, disfruta con sus bromas, reflexiones y diálogos incoherentes, con sus planteamientos desquiciantes.

Y por eso el lector debe enfrentarse al libro sin monsergas.  Puede que te guste el  juego que te propone O´Brien y pases un buen rato, éste ha sido mi caso,  o puede que te parezca un absoluto dislate,  sin pizca de gracia, y en este caso, coges el libro y lo tiras por la ventana. Y que le vayan dando al señor Harold Bloom.

      O´Brien, Levrero, Perec, tipos a los que le gustaba experimentar con las palabras.

Michel Houellebecq. Ampliación del campo de batalla

    ampliación del campo de batalla, de michel houellebecq  El protagonista de Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq tiene una filosofía muy simple: el hombre de la moderna sociedad capitalista vive inmerso en dos cruentas  guerras, la guerra de la dominación económica y la de la dominación sexual,  sus batallas se libran en el campo de Marte y en el de Venus. Y él no quiere luchar en ninguno de los dos frentes, que da por perdidos.

      La novela es el relato en primera persona  del aislamiento progresivo del protagonista,  de su viaje a la soledad y  la enajenación mental. Toda su vida está teñida de un inmenso manto de AMARGURA.

      ¿Que más se puede decir de este pequeño libro?  Que es un libro triste, pesimista.  Su lectura te deja  mal sabor de boca, un sentimiento de desamparo, del que solo puedes salir …. viendo por octava vez Resacón en la Vegas. Que quieren que les diga, cada uno tiene su propia terapia para quitarse de encima la AMARGURA y la mía es ésta.

      Propuesta de tesis doctoral de pacotilla : ¿Quien es más desasosegante Michel Houellebecq o Thomas Bernhard?

Houellebecq. El mapa y el territorio

      Me ha gustado El mapa y el territorio del quinquagenaire terrible Michel Houellebecq, pero resultaría aburrido explicar el por qué. Solo quisiera detenerme en unos fragmentos de la novela.

   el mapa y   Jed, el protagonista,  se persona en la casa de Michel Houellebecq (que aparece en la novela como un personaje  más).  He venido –le dice Jed a H- porque espero un mensaje de usted. Houellebecq sonríe y le contesta a Jed: “Mi vida se acaba y estoy decepcionado. No ha sucedido nada de lo que esperaba en mi juventud. Ha habido momentos interesantes, pero siempre difíciles, siempre arrancados al límite de mis fuerzas, nunca he recibido algo como un don y ahora estoy harto, sólo quisiera que todo termine sin sufrimientos excesivos, sin una enfermedad anuladora, sin dolencias”. Estas palabras de H, me recuerdan a las que   Sandor Marai  escribe en el diario de los últimos años de su vida y que se reproducen en un post de este blog. Los conocimientos que   los intelectuales acumulan a lo largo de su vida, no parece que garanticen una vejez consoladora..

      Continuando con la escena de Jed y H.,  Jed le dice a H que le recuerda a su padre y ésto le trae a la memoria la figura de un artista e intelectual del que le habló su padre, William Morris y le pregunta a H si sabe algo de él.  H ha leído a Morris y  hace una semblanza del mismo.

      Morris es un tipo curioso en su vida y su obra.  Sobre la condición de artista Morris hace esta reflexión: “Los artistas somos los últimos representantes del artesanado al que la producción mercantil ha asestado un golpe fatal”. A pesar del carácter utópico de muchas de las ideas de Morris, creó una empresa, Morris & Co.  que siendo modélica en sus condiciones laborales , sorprendentemente tuvo un gran éxito económico.  Chesterton rindió homenaje a Morris en su libro El regreso de Don Quijote.

       La noción del artista/artesano sobre el que reflexiona Morris, me recuerda al sociólogo  Richard Sennett,  que ha escrito reiteradamente sobre el cambio de la sociedad artesanal a la sociedad industrial y de ésta a la actual sociedad postindustrial, en cierto modo antiartesanal.

       Houellebecq logra algo que siempre me gusta encontrar en los libros: relaciones que indagar,  personajes a los que descubrir, obras que leer.  Y además, en este libro no es un guarrillo como en Las partículas elementales.

          El dibujo que sirve de fondo a este blog es de William Morris.

Desmemoria

      De vez en cuando, como ahora mismo, me siento delante del portátil, abro el Word y me digo: “voy a escribir cualquier cosa que se me ocurra”. Lógicamente no se me ocurre nada,  ¿o ustedes se piensan que soy un tío al que se le ocurren continuamente cosas?  Para salir del atolladero tengo dos opciones, coger de las estanterías un libro cualquiera o coger mi “cuaderno de frases”. En este momento –sí, escribo en tiempo real- he optado por la segunda vía. Abro el cuaderno * (marcado con una estrellita dorada, para distinguirlo del   cuaderno ** -de idéntico formato- y marcado con dos estrellitas doradas)  y hete aquí que la página que ha caído en suerte es una que recoge distintas frases extraídas de los diarios de Iñaqui Uriarte. Me fijo en una que dice: “Para asustarme de mi ignorancia no tengo más que echar un vistazo a mi biblioteca. Miles de libros leídos de los que no recuerdo nada.” Yo tengo una parte de mis libros a mi espalda.  ¿De cuantos podría hacer un resumen más o menos inteligible que superara dos o tres folios por ambas caras a espacio 1,5, letra Calibrí, tamaño 12?  De pocos.  Me vuelvo a los libros que tengo cerca y hago una prueba. Por ahí andan los Bolaño: ¿Qué demonios se traían entre manos Los detectives salvajes?, ¿Soy capaz de recordar el argumento de uno solo de sus relatos  de El gaucho insufrible o Putas asesinas? También tengo a mano uno de los primeros Auster que leí, El palacio de la Luna. Uff de que poco me acuerdo. ¿Y de los Sebald?, ¿De qué iba Austerlitz? Sólo recuerdo algunas reflexiones a lo largo de un viaje en tren. Patético.  Precisamente para luchar contra el olvido es por lo que hace un par de años, cuando advertí que se me olvidaba casi al instante casi todo lo que leía o veía (porque con las películas pasa lo mismo) decidí dos cosas: subrayar el contenido de algunos párrafos de los libros y llevar un cuaderno donde apuntar frases que me hubieran gustado por uno u otro motivo. En cuanto al hecho de subrayar párrafos, a veces, he releído el libro previamente subrayado y cuando llego a los párrafos destacados no soy capaz de discernir el motivo por el que en una primera lectura me llamaron la atención. En cuanto a lo de las frases me va mejor. Me gusta releer algunas de estas frases que condensan un pensamiento, una idea original o simplemente están llenas de ingenio o humor. Claro que en una de ellas dice Cioran: “Desconfiar de los pensadores cuyo espíritu  no funciona más que a partir de citas“.

Comer o no comer

      Sábado, 7.45 a.m. me desayuno con la Voz de Galicia, gacetilla local que te permite desinformarte en un tiempo aceptable, frente a los periódicos de capital que te llevan al mismo objetivo, pero con muchísimas más páginas. El sábado el periódico incluye el suplemento Culturas que siempre ha sido de mi agrado aunque razones que supongo presupuestarias y de aceptación popular lo hacen cada vez más raquítico. En su contraportada, aloja una entrevista de Enrique Clemente con David Vann (el de Sukkwan Island y Caribou Island) que se queja de su país en los siguientes términos: “¿Cómo puede vivir uno en un sitio donde hay gente tan inteligente, con tantas universidades, pero la población general es tonta? Estados Unidos es una democracia militar religiosa que da culto a las grandes corporaciones, al dinero y al individuo, a la que le importa un rábano el arte”.  Sí, bueno, pero: A) Generalizando, en general, la población general de cualquier país es tonta (bien entendido que el que escribe esta frase se alinea en el lado contrario al de la generalidad, faltaría más). Y B) De momento y a pesar de todo, puestos a elegir,  y en lo que a satisfacción de necesidades humanas y por tanto culturales se refiere, sigo preferiendo vivir en Nueva York que en Ulaanbaatar (Ulán Bator), aunque no lean a Vann (por cierto que yo no lo he leído por las mismas razones que él recrimina a sus paisanos: sus libros tratan de suicidios, muertes, y otros asuntos más o menos deprimentes). Pero bueno, no es esto lo que me llama la atención de lo que dice Vann, sino una idea que subyace en su entrevista. Lo que Vann dice pero no dice  es que si un tío listo como él se molesta en encerrarse X meses a escribir un libro, lo menos que podemos hacer los demás es comprarlo y en su caso leerlo para que él pueda subsistir como escritor. Y esta cuestión de conseguir que los autores y artistas en general consigan comer con una cierta regularidad me lleva a la eterna cuestión del fomento, la subsidiación, la esponsorización del arte y la cultura.

      Y es que la casualidad hace que ayer empezara a leer El mapa y el territorio de Michel Houellebecq, en su edición de bolsillo. Y en su página 39, el padre del personaje principal de la novela, artista por cierto dice: “Es curioso, podría creerse que la necesidad de expresarse, de dejar huella en el mundo, es una fuerza poderosa; y, sin embargo, por lo general, no basta. Lo que mejor funciona, lo que empuja a la gente, con la mayor violencia a superarse sigue siendo la pura y simple necesidad de dinero”.  Este hombre, que tiene una buena posición económica, lo que piensa es que si decide mantener a su hijo, esperando que triunfe en el mundo del arte, lo echará a perder, que lo que tiene que hacer es buscarse la vida y las habichuelas y que, en el camino de ese esfuerzo, triunfará o no, según su valía.  Pero, claro, pienso yo (que por algo no formo parte de la estúpida población general) por ese camino puede darse el caso de que el artista genuino, único, por la necesidad de ganarse las pelas,  prostituya su arte (que grandilocuente suena) se banalice, se comercialice.

      Usease, por el camino de la esponsorización generalizada podemos dar lugar a fomentar  manifestaciones culturales que a nadie interesan, becar a artistas que no llegan a ninguna parte o financiar películas que nadie ve. Y está el problema para mí más grave: ¿Quien decide aquello que es cultura y elige a los agentes culturales que hay que promover? Y por el camino de dejar a cada uno a su propia suerte, podemos acabar con la cultura con mayúsculas, en favor de una trivialización consumista de mierda.

      Aunque también queda una vía intermedia, la de separar vocación y medio de vida, profesión. Casualmente hoy también trata este asunto el periódico digital El Confidencial (evidentemente este cúmulo de casualidades es lo que hace que yo esté escribiendo hoy estas letras). Esta postura es bien sencilla: No elijas tu profesión en función de tu vocación,  búscate -con sentido práctico- un medio de vida, un trabajo, una profesión que te permita vivir, comer, pero que te deje tiempo libre para desarrollar tus aficiones. Esta opción te dará una enorme libertad y te permitirá probar suerte en esa otra faceta cultural que te entusiasma. A veces, seguirás tu vocación artística y otras veces o bien fracasarás y te olvidarás del asunto o simplemente decaerá tu inclinación por esa faceta artística o cultural. Pero en todo caso no tendrás nunca  que prostituirte y sobre todo comerás todos los días caliente que no es poco.

       P.D. No pierdas el tiempo, Ulán Bator, es la capital de Mongolia (lo he buscado en Google no te miento).

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