La cámara recorre las gradas. Cambia el plano. Nos vamos a un lateral del escenario, donde una figura delgada, vestida con traje oscuro de rayas, camisa gris y sombrero calado sobre la frente sale de entre bambalinas y se dirige correteando al centro del escenario. Un aplauso creciente inunda el recinto. El señor delgado, mayor -tiene setenta y tres años- se quita el sombrero y se dirige al público agradeciéndole su amabilidad por acudir al concierto. Parece una persona frágil, débil, pero esboza una sonrisa socarrona y empieza a cantar con su inimitable voz profunda: Dance me to your beauty with a burning violin/ Dance me through the panic ’til I’m gathered safely in … (Dance me to the end of love) El viejo seductor ha entrado en acción.
Hace ya muchos años que oí por primera vez su voz insinuante, sus ritmos pausados, sus hipnotizantes canciones. Leonard Cohen es como un virus. Si te infecta te perseguirá siempre.
Veo el DVD del concierto de Londres del año 2008. Es como una bofetada de nostalgia. Dónde estuvimos metidos los dos todos estos años? Qué nos hizo la vida? Joder, al amigo Leonard lo ha dejado como una escoba seca. Pero sigue siendo mi hombre, que caray: If you want a lover /I’ll do anything you ask me to /And if you want another kind of love /I’ll wear a mask for you /
If you want a partner /Take my hand /Or if you want to strike me down in anger / Here I stand /I’m your man // Si quieres un amante / haré cualquier cosa que me pidas / y si lo que quieres es otro tipo de amor/ usaré una máscara para tí / Si quieres un compañero / toma mi mano/ o si lo que quieres es abatirme con furia/ aquí me tienes/ yo soy tu hombre.
(I´m your man)
Durante un montón de tiempo no supe nada de él. Una vez leí que en una revista que para retirarse del mundo de la canción a disfrutar de la buena vida, había vendido por mucho dinero todos los derechos de sus canciones, pero que su asesor financiero le había estafado, por lo que al quedarse sin un mísero euro había tenido que volver a los escenarios. Así que no tuvo más remedio que bajarse de su torre: I was born like this, I had no choice /I was born with the gift of a golden voice / And twenty-seven angels from the Great Beyond /They tied me to this table right here /In the Tower of Song // nací así/ nunca tuve elección / nací con el don de esta voz de oro / y veintisiete ángeles del más allá / me tienen atado a esta mesa/ en la Torre de la Canción. (Tower of Song)
Ya ves. Estoy pasando un período Cohen. Supongo que breve, pero intenso. Este acceso vírico se caracteriza por una intensa melancolía, con intervalos de tedio, bostezos y exclamaciones de “carajo, como pasa el tiempo”.
Y entre canción y canción leo alguna cosa. Me sonrío con las palabras que Kublai Kan le dirige a Marco Polo criticando los relatos que éste le hace sobre sus viajes: “Vuelves de comarcas tan lejanas y todo lo que sabes decirme son los pensamientos que se le ocurren al que toma el freco por la noche sentado en el umbral de su casa. ¿De que te sirve entonces viajar tanto?“ Lo cuenta Calvino en Las Ciudades Invisibles. Y yo me pregunto ¿Merecen la pena tantos afanes? Hay algo que merezca la pena ver detrás de la línea del horizonte?
Pero al cabo de pocos días leo el homenaje que Jean Giono hace a Melville, como traductor de su obra, y en unos de sus párrafos parece contestar a Calvino. Nos relata como un personaje de una de las novelas de Melville dice: <<No veo gran cosa, solamente agua en una considerable extensión>> y otro le contesta: <<Bien, ¿y ahora qué piensas de tu idea de ver el mundo? ¿Todavía quieres ir más allá del cabo de Hornos para ver sólo eso? El mundo entero está allí donde tú estás; no hay nada más>>
Así que reposo y buenos alimentos.
También leo de cuando en vez algún que otro aforismo del amigo Lichtenberg. Me quedan pocos. Tiene su gracia que entre tanto pensamiento sesudo el cabrito a veces te salga por peteneras. Por ejemplo, escribe: “Un cierto amigo mío solía dividir el cuerpo en tres pisos: la cabeza, el pecho y el bajo vientre, y deseaba frecuentemente que los inquilinos del piso superior y del inferior pudieran conllevarse mejor“.
Y estoy leyendo Un gran chico de Hornby. Con sus humorísticos retratos sociológicos de la vida moderna.
Y sigo el Hola, Esquire y V. Fair.
E incluso trabajo.
P.D. Me gustó este post de Cohen: arsenicololita























