Me tropiezo con él en el blog de Leox, hasta en dos ocasiones. Hoy buceo en el blog de Mario y vuelvo a encontrarlo y de manera insistente.
En otras partes de este blog hablo, hablan, del impulso irresistible que a veces sentimos hacia un escritor al que no conocemos o hacia una obra en concreto; la promesa de encontrar algo desconocido y maravilloso en la lectura de ese autor o libro nos acelera el pulso a los que somos apasionados lectores.
Pero eso no me pasa con Manuel Puig.
Cual es la promesa que esconde Puig? Hojeo su biografía en Wikipedia y no encuentro ningún dato que me entusiasme. No hay entrevistas que revelen un ingenio deslumbrante. No se ha casado con starlets de insinuantes curvas. No escandalizó a sus contemporáneos fugándose con el portero de su inmueble. Cual es tu atracción mediática MP?
Veo la foto que he insertado en este post y pareces un joven desenfadado; he visto otras fotos posteriores, más mayor y con menos pelo; esto último me acerca a una cierta solidaridad capilar, pero no es suficiente.
Desde el punto de vista técnico se habla de sus innovadores diálogos que consiguen reflejar el mecanismo real de formación del pensamiento y su expresión oral.
De pronto he recordado algo. Bajo al sótano y después de escarbar entre los libros (sección lengua castellana) encuentro un ejemplar de “La traición de Rita Hayworth“. Su portada es la que reproduzco en imágenes. Abriendo la primera página pone su precio: 290 pts. (unos 3 euros) y una fecha (29-III-82). 
Dentro hay una carta de la baraja (la sota de espadas) que se debió utilizar (¿fui yo?) para marcar el punto de lectura. Veo en las páginas demasiadas letras. Pocos puntos y aparte para reposar un poco.
Leo al azar: ¿Que es preferible estar desvelada o las pesadillas? Duerme ahora, pero se despierta de nada y “la culpa es tuya si el chico no aprende que los hombres no lloran, los hombres se las aguantan por dentro, pero no lloran” Berto cada vez que lloramos ” y vos mocoso un poco de obediencia a tu padre que no te quiero ver llorar más” y tiene razón porque él y el Hector se las aguantan, yo lloro porque las mujeres somos flojas y el Toto llora porque es un chico …















Son las ocho y media de la mañana del Domingo. Al citarme Leox un cuento de Bolaño, me pica la curiosidad y me acerco al rincón correspondiente de la biblioteca. Aunque los libros del chileno ocupan un lugar preferente, es un sitio poco frecuentado en los últimos años. Bolaño es un viejo y querido amigo al que uno tiene olvidado. La babosería con que se le ensalza ahora me molesta un poco. Cojo LLamadas telefónicas y lo primero que me sorprende es el estado del libro: inmaculado. En su día lo forré de plástico adhesivo y lo leí con mimo. Debo ser un poco paranoico, porque procuro que los libros estén impolutos. Doblar la esquina superior de una página para señalar el punto de lectura me parece un crimen atroz e imperdonable contra la literatura. Pero lo cierto, es que después de haberlo leído yo, ahí está el libro en su estantería sin que nadie lo haya vuelto a hojear. ¿Tiene ésto algún sentido?. Nunca firmo un libro ni le pongo mi nombre como signo de posesión. Me horrorizaría que dentro de unos años deambulara por las librerías de viejo pregonando el mísero destino de mis papeles. Abro el libro y busco el relato del que habla Leox. Es el primero. No se titula Zensini sino Sensini, Leox. Me siento y lo leo de un golpe. Es un relato estupendo, habla del submundo de los escritores. Del escritor en ciernes (Bolaño) que emborrona folios en soledad. Y del escritor maduro (Sensini, al parecer trasunto de Antonio di Benedetto) que a pesar de su talento no ha triunfado en el difícil mundo editorial y malvive económicamente. Habla del exilio, el interior y el otro. Y de la muerte, el paso del tiempo y el inevitable olvido. Cuando he acabado de leer el relato, me he dado cuenta que no me acordaba para nada de haberlo leído antes. Hojeo los demás relatos del libro y me pasa lo mismo. Me doy cuenta de que se me olvidan totalmente los libros que leí en los últimos cinco o diez años. En cambio recuerdo perfectamente el argumento, el estilo, la impresión que me causaron los libros que leí hace veinte años. ¿Aprovechan de algo estas lecturas olvidadizas?. Menos mal que acabo de leer a Lichtenberg y no he tenido tiempo de olvidarlo (además ahora subrayo y apunto). Dice: “
Georg Christoph Lichtenberg fue un científico alemán que en cuanto al contenido de su persona destacó no solo por sus vastos conocimientos sino por la agudeza de su exposición y en cuanto al continente, una mala constitución física desde su nacimiento hizo que además de tener una reducida estatura, no pasó del metro cincuenta, se le desarrollase al crecer una joroba en la espalda. De él seguro que hablaré más en el futuro, pero como aperitivo, y poniendo en relación los dos elementos que acabo de exponer, quiero citar esta perla que dejó escrita: