Sandor Marai

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       De Sandor Marai me ha interesado más su vida que su obra y no porque ésta no sea importante que lo es y mucho.  Literariamente y para situarlo, se le emparenta con  Thomas Mann y Stefan Zweig.  Leyendo las memorias de unos y otros, conocemos la historia de una clase social, la burguesía ilustrada  centro-europea de principios y mediados del siglo XX, que fue barrida por la segunda guerra mundial y las diversas dictaduras comunistas (Parentesis: Mientras Marai se centra más en su persona y su país, Hungría, Zweig escribió El mundo de ayer donde analiza desde un contexto sociopolítico más amplio el derrumbe de Europa. Subparéntesis: Zweig también se suicidó. En su caso, junto con su esposa, en su exilio brasileño).

De Marai ha publicado la editorial Salamandra unas primeras memorias de juventud: Confesiones de un burgués. Otro libro de memorias de su madurez, ¡Tierra, tierra! que se centra fundamentalmente en las consecuencias que tuvo para Hungría el fin de la segunda guerra mundial  y la implantación del régimen comunista. Y un tercer libro, Diarios,  que comprende una selección de sus diarios de 1984 a 1989, año de su muerte, con ochenta y ocho años.  Me impresionan los dos grandes cataclismos vitales que acontecen al amigo Sandor.

El primero tiene lugar cuando SM tiene cuarenta y ocho años. Es un escritor de éxito. Ha publicado numerosos libros, ha obtenido el reconocimiento de la intelectualidad y del público y disfruta por lo tanto de una vida cómoda y de un futuro prometedor. Pero en su país se establece un régimen comunista en el que no encaja este burgués acomodado. Tras diversos rifirafes se exilia de su país para recalar en Estados Unidos. Sus libros son prohibidos en Hungría y se interrumpe la difusión de su obra. De pronto, este hombre es un extranjero más  de la inmensa Yankilandia. De ser conocido y admirado, pasa a ser ese vecino raro del tercer piso con el que nos cruzamos en el ascensor y del que nada sabemos (ni queremos saber).

Segunda gran desgracia: SM es un hombre longevo. Vive con su mujer, Lola, durante sesenta años. No tienen hijos. Asiste a la enfermedad y muerte de su mujer y se queda sólo con sus achaques de viejo. Se compra una pistola. Un día le comunican que va a ser ingresado en el hospital. Ya no va  a poder cuidar más de si mismo. Tiene ochenta y ocho años. Se pega un tiro.

Sus diarios de los últimos años impresionan.  Su amor por su esposa a la que ve morir día a día, enternece. Y en general contienen reflexiones certeras sobre multitud de temas. Sobre el paso del tiempo, la vejez, la enfermedad y la muerte, a veces con un sentido trágico del humor, escribe, entre otras cosas: “Una agenda antigua. Solo encuentro la dirección de tres personas vivas. Los demás están muertos” …. “Este año se han ido los últimos conocidos que me quedaban”  …. ”El tiempo, más allá de cierto conocimiento, no ofrece una experiencia más profunda. Solo me falta un año para cumplir los ochenta y seis. Y resulta que no soy más sabio. Mejor, dicho, más bien intento retener a duras penas lo que sabía hace cuarenta y tres años” …. “Tiene que ser muy bonito morir sano” …. ”A veces me siento como un recuerdo de mí mismo” …. “Quiero estar con ella hasta el último momento, ayudarla y cuidarla” …. “Irnos juntos, sin dolor, es mi última esperanza” …. ”Hay algo obsceno en la enfermedad y la muerte”  …. “Le cojo la mano durante horas y a veces le aprieto suavemente los dedos. Nada más” …. “Inesperadamente me dice: Que lento muero” …. ”Quedarme, ayudarla hasta el último momento. Después estar atento para irme a tiempo” …. ”L. ha muerto” …. ”Fui a una tienda al otro extremo de la ciudad para comprarme un arma de fuego” …. ”La furia. Solo la furia. A veces bramar de pura rabia. Porque ha muerto”  ….”Si el deterioro de mi ojo avanza a este ritmo ¿seré capaz de encontrar la pistola en el cajón?” …. ”Cuando un escritor va llegando al final de una larga vida se espera de él algún tipo de summa vitae. Yo no sé nada de summa vitae y mi filosofía se resume en lo siguiente: es mucho menos peligroso un malvado que un imbécil. Y los imbéciles abundan sobre manera. Ellos sí que son peligrosos” …. ”Al despertarme, aun medio dormido, alargo la mano para coger la suya como he venido haciendo a lo largo de sesenta y dos años y ocho meses. Cuando no la encuentro me invade el horror: ¿Donde está? Y de pronto me sobreviene el recuerdo de su muerte. Y a ese momento le sigue de modo cada vez más íntimo el asco” ….  ”Ya no es vida, solo existencia”  Ultimo apunte, el 15 de Enero de 1.989: “Ha llegado la hora”.

      (Post rescatado del antiguo Blog de Oesido)

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Acerca de Oesido

Tengo muchas dudas y ninguna solución. Sólo sé que hay mucho imbécil, algún malvado y escasísimos sabios.
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