Bien por Stegner

       Joe Allston recorre  el último tramo de lo que podríamos llamar “la madurez” y va camino de zambullirse de manera inmediata en “la ancianidad”; usease, va a cumplir los setenta años. Es un momento tan bueno como cualquier otro para hacer recapitulación de su vida. Joe se confiesa “inseguro, afligido, insatisfecho con su vida, su profesión y él mismo. Siempre ha estado hambriento de lograr cierta continuidad, seguridad y sensación de pertenencia”.  Y  echa un vistazo a su vida, así como por encima del hombro, como si la cosa no fuera con él, porque por algo es el pájaro espectador, el que otea la vida de los demás y la suya propia con desapego, desde el punto más alto de observación (“hay veces que tengo la sensación de que toda mi vida le ha sucedido a otra persona”). Jubilado, se ha retirado a vivir al campo con su mujer, y deja pasar los días observando como todo envejece a su alrededor. “Soy un jodido museo del deterioro” reflexiona con sorna. La vida de Joe ha sido una vida aparentemente plana, sin sobresaltos, ni grandes pasiones, solo alterada por la desgracia de la muerte de su único hijo.

      Hace veinte años, cuando tenía cincuenta, Joe y su mujer hicieron un viaje a Dinamarca en el que se alojaron en casa de una condesa. Joe había escrito un diario de su estancia y al descubrirlo entre sus papeles y decírselo a su mujer ésta le pide que se lo lea a trozos por las noches. A lo largo del libro se va alternando la narración de la vida presente del matrimonio, con el relato del viaje pasado.

      La vida de Joe ha sido la vida de un hombre “que cumple con sus obligaciones”. Y cuando  está cerca de eso que en un alarde de cursilería podemos llamar “el último viaje” surge la pregunta del millón: ¿Mereció la pena ser un buen hombre, respetar a la mujer propia, pagar los impuestos, resolver los problemas de los clientes, cortar el césped regularmente, ir a misa los Domingos, pagar los impuestos, visitar a los enfermos y no fornicar con las vecinas?

      De esto va la novela. De manera pausada, con cierta sorna no exenta de dolor, Joe nos da un garbeo por su presente y su pasado; en cuanto al futuro nos lo pinta muy claro: “Envejecer es como estar en una cola larga y lenta. Sólo te despiertas para salir del letargo y arrastrar los pies en el momento en que la cola te acerca un poco más a la ventanilla”.

      El pájaro espectador es uno de esos libros que uno lee con un enorme placer, de manera pausada, sin sobresaltos, descansando en la prosa serena del amigo Joe Allston Y digo bien; porque es de esos libros en los que el autor se diluye, desaparece y es el propio personaje el que nos habla de tú a tú.

      Reflexión sobre la identidad, el paso del tiempo, la responsabilidad de asumir nuestras propias acciones, la fidelidad a uno mismo, este Pájaro espectador es un libro fundamentalmente ameno. Por si puede parecer lo contrario, no es un libro pesimista ni llorón (no podría soportarlo). Vamos que lo podeis leer y pasar un buen rato, leches!

      El libro  se cierra con esta cita de Marco Aurelio: “No desdeñes la muerte; antes bien acógela gustosamente, en la convicción de que ésta también es una de las cosas que la naturaleza quiere

      En resumen y al grano: que la vamos a palmar todos. Por si no os habíais dado cuenta.

      (Post rescatado del antiguo Blog de Oesido)

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Acerca de Oesido

Tengo muchas dudas y ninguna solución. Sólo sé que hay mucho imbécil, algún malvado y escasísimos sabios.
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