De cuando uno no tiene nada mejor que hacer

       Hace tiempo empecé a rellenar un cuaderno con pequeñas frases o párrafos más o menos extensos, tomados de los libros que voy leyendo y que me habían llamado la atención ya sea por su ingenio o por su capacidad de expresar una idea o concepto de manera significativa.

    Al cabo de un tiempo, veo que tengo una buena colección de frases sobre una variedad de cuestiones, que podrían sistematizarse por temas, trabajo éste que por supuesto no haré, estaría bueno.

    Me llama la atención la existencia de máximas que tanto sostienen una cosa como la contraria. Así sobre la lectura, dice Renard: “Quien lee demasiado no retiene nada”, pero Lichtenberg le contesta: “Olvido la mayoría de las cosas que he leído, como olvido lo que he comido, pero sé muy bien, no obstante, que ambas cosas contribuyen al mantenimiento de mi espíritu y de mi cuerpo

    Hay una gran cantidad de frases en mi cuaderno que giran sobre el tema del paso del tiempo, la vejez, la proximidad de la muerte. También puede ser que yo apunte muchas porque el tema me preocupa (ya siento sobre la nuca el frío hálito de la muerte …..)  En la película La notte de Antonioni dice un escritor a su mujer: “Antes tenía ideas. Ahora solo tengo memoria”. En Noches insomnes escribe Elizabeth Hardwick: “Mientras vives, una parte de ti ya se ha escabullido hasta el cementerio”. Y El encantador Pnin de la novela deNabokov también le dice a un joven: “Tú también recordarás el pasado con interés cuando seas viejo”. El inefable Ribeyro, por su parte, opina: “Envejecemos cuando nos damos cuenta de que empieza a sobrarnos pasado”. Y Paul Auster nos advierte en El libro de la memoria: “Fue. Nunca volverá a ser. Recuérdalo” Rematemos el asunto con Marguerite Yourcenar: “Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde”.

      Las frases más celebradas pueden ser aquellas que encierran un principio moral o ético que nos puede ser de provecho, o en cualquier caso hacernos reflexionar. Pero éstas no las suelo recoger en mis cuadernos. Para eso ya están los libros. Lo que suelo copiar son frases curiosas sobre temas inocuos de la vida diaria. Paul Auster: “El hecho de que uno vague por el desierto no quiere decir que necesariamente haya una tierra prometida”. Ribeyro: “Tipos de gente a evitar: los que, cuando nos van contando algo por la calle, nos obligan a veces a detenernos, en las partes más dramáticas o vívidas de su relato”. Dice Pla: “Una de las cosas más turbias, desconcertantes y desagradables de la vida, es constatar que a casi todos nos apasiona más una mala acción divertida que una buena acción aburrida”. Uriarte: “Por fin una respuesta adecuada a esa pregunta tan estúpida que hacen algunos en los restaurantes: <<¿Es fresca la merluza?>>, <<Sí, no te jode>>, contestó el camarero”. Dice el filósofo Lichtenberg: “Llovía tan fuerte que todos los cerdos acabaron limpios y todos los hombres, sucios”. Sobre las inclemencias del tiempo también nos dice Groucho Marx: “Hacía tanto frío que hasta los abogados llevaban metidas las manos en sus propios bolsillos”.

    Los pensamientos que más me hacen esbozar una sonrisa son los inteligentemente cínicos. En éstos hay grandes escritores, como Oscar Wilde o Bernard Shaw. Uno de los más grandes es Jules Renard. Veamos unas perlas: “Qué cómodos son los entierros. Se puede ser huraño con la gente: lo toman por tristeza”.  “Sí, llevo mi medalla. Uno ha de tener el valor de sus debilidades”. “No basta con ser feliz. Además es necesario que los demás no lo sean”. “Sí, lo sé. Todos los grandes hombres primero fueron ignorados; pero yo no soy un gran hombre, así que preferiría ser famoso inmediatamente”.

     Un tema curioso es constatar como la misma frase o máxima se repite de generación en generación, tomándola como propia sucesivas personas. A este respecto dice Pla en sus Notas dispersas: “Las opiniones no son del primero ni del que mejor las expone, sino del más famoso”.

     Pero cuidado con abusar de las citas. Montaigne ya nos previene: “Solemos decir <Cicerón opina ésto, Platón hacía aquello, Aristóteles dijo lo de más allá>; pero ¿qué es lo que decimos por cuenta propia? ¿Qué discurrimos nosotros?. Tan buenas razones daría un papagayo … Aunque podamos llegar a ser sabios por la ciencia de los demás, prudentes no lo seremos más que con nuestra propia prudencia“. E igual opina Ribeyro: “La cultura no es un almacén de autores leídos, sino una forma de razonar. Un hombre culto que cita mucho es un incivilizado”.

    Bueno, pues de momento esto es lo que hay señores.

      (Post rescatado del antiguo Blog de Oesido)

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Acerca de Oesido

Tengo muchas dudas y ninguna solución. Sólo sé que hay mucho imbécil, algún malvado y escasísimos sabios.
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Una respuesta a De cuando uno no tiene nada mejor que hacer

  1. Da gusto poder disfrutar de tal conjunto de genialidades.
    Imprescindible apuntar la respuesta del camarero o tomar buena nota de la comodidad de los entierros.
    Saludos.

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