Mensajes ocultos

 halo

      Con el paso de los años unas personas se vuelven escépticas sobre la presencia de lo divino y otras por el contrario se acercan a concepciones sobrenaturales de uno u otro signo.

     Y también hay otras personas que ni siquiera se plantean estas cuestiones. O sea, que no cabe generalizar sobre este asunto.

       Lo que me lleva a pensar que las generalizaciones son falsas.

       Esta última generalización también lo es.

      Creo que me he hecho un lío. Volvamos a empezar.

      Al modo de las antiguas culturas a veces tiendo a creer en la presencia de <fuerzas/provenientes/de/no/se/sabe/donde>  que interactúan sobre nuestras pobres vidas de mortales; presencias de humor cambiante a las que conviene exorcizar para buscar su favor y en todo caso aplacar su posible ira. ¿Pero como se consigue ésto?

      También presiento que la vida diaria está llena de augurios, de presagios, que nos previenen sobre lo que nos puede pasar, pudiendo por lo tanto en este caso conjurar sus efectos,  o simplemente anticiparlos. Hay visionarios que saben ver perfectamente eso que se da en llamar “el signo de los tiempos” y eso les permite convertirse en líderes religiosos o políticos.

      A veces me abruman los augurios, pero ¿cómo interpretarlos? Esta es la cuestión.  ¿Existe un manual? ¿Es también de Anagrama? ¿Ha salido ya la edición de bolsillo? ¿tiene ilustraciones de jovencitas ligeras de ropa?

      Yo la verdad no doy una con los presagios.

      Tengo un amigo que acaba de sufrir un infarto, le han operado a corazón abierto y reposa en el Hospital en estado precario.  Ayer fui a verle. Al traspasar la puerta del hospital, un poco apresurado,  me doy de bruces con una repartidor de flores y salta por los aires un ramo que me inunda de flores blancas y de agradable olor. Buen presagio. A la entrada del hospital en la música ambiental suena el “I will survive” de Gloria Gaynor. Otro buen presagio. Me dirijo al mostrador de recepción y me atiende una ordenanza. Tiene en el pecho una placa con su nombre: “Esperanza”. Otro buen presagio y van tres. LLeno de optimismo le pregunto si por favor puedo ver al señor Iranzo Freire. Querrá decir al finado señor Iranzo, me contesta, falleció esta mañana.

     Que cabrita. Vaya manera de decir las cosas. Casi me da a mí un infarto.

      Otra cuestión que me provoca gran zozobra es la creencia de que existen objetos dotados de poderes especiales cuya presencia en nuestras vidas favorece nuestro bienestar. Buscando el objetivo de potenciar mi salud, mi humor y otras dimensiones de mi cuerpo y mi espíritu he inundado mi despacho de toda clase de figuras tales como buhos, gatos, osos, tortugas, lemures, tigres, caracoles, pirámides, octógonos, cruces … hasta convertir el cuarto en un bazar que hace torcer el gesto al que entra en él. Pero si estos son objetos benévolos ¿quien se atreve a desprenderse de alguno provocando su ira?

     Pero lo peor es lo de las letras. Mi hija me trajo de un viaje a Londres cinco letras de distintos tamaños. Son moldes de una antigua imprenta: son la C, la U, la M, la E y la D. Las tienen fotografiadas a la cabecera de este post. En el momento en que me las dio noté inmediatamente una gran perturbación en mi ánimo, una alteración del pulso.  En cuanto las tuve en mis manos supe que las letras escondían un importante mensaje de cuya resolución dependían trascendentales cuestiones que afectaban a mi vida personal.

     Las puse en fila, alteré su orden: CUMED, MEDUC, EDMUC …  ninguna combinación parece tener sentido. ¿Habrá que probar con otros idiomas?  ¿O con alguna lengua muerta? ¿Latín? yo solo me acuerdo de aquello que le decía César a Bruto cuando le clavó el puñal: “Tu quoque Bruto fili mea” o algo así.

    A veces me siento por la noche delante de las letras y las contemplo intrigado. Y van pasando las horas que le son hurtadas al sueño sin lograr resolver el enigma.

    De esto ya hace varios meses.  El no dormir las horas suficientes, la ansiedad que me provoca la impotencia de no encontrar la respuesta va minando mi salud. Ya ni siquiera veo los programas del corazón que antes tanto me gustaban. He dejado de esnifar ColaCao en polvo.

    No sé como acabará ésto. Pero sé que si no encuentro la solución al enigma de las cinco palabras mi final está próximo.

    Y es una pena. Ahora que empezaba a gustarme el pastel de espárragos.

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Acerca de Oesido

Tengo muchas dudas y ninguna solución. Sólo sé que hay mucho imbécil, algún malvado y escasísimos sabios.
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