Levrero, Mario: ausente

     

      Yo debo ser gilipollas; de acuerdo, porque vamos a ver, ¿yo que sé de Uruguay,? me pongo a pensar. De su historia, su geografía, Nada de nada. ¿Personajes? me acuerdo de Onetti, claro. Y de Forlan, pedazo de jugador del atleti, con su melena rubia y sus tabletitas de chocolate en los abdominales. ¿Y no había, un general, una tal Stroessner? Miro en la red. No, carajo, el dictador era de Paraguay. Entro en la Wikipedia a echar un vistazo. Todo bastante anodino, visto desde la indiferencia y la lejanía. Hombre sí, en la sección de literatura veo que Galeano y Benedetti eran uruguayos. Al primero no lo conozco; y el segundo escribía en El País y polemizaba con Vargas LLosa. La palmó hace poco. Leí su poema “El sur también existe” (Con su corno francés/y su academia sueca/sus salsa americana/y sus llaves inglesas/con todos sus misiles/y sus enciclopedias/con todos sus laureles/el Norte es el que ordena) y poco más; no empatizaba mucho con este buen hombre a un bigote unido. También era uruguaya Idea Vilariño. De ésta tengo un libro con sus poesías completas. Lo había comprado siguiendo las directrices de mi mentor literario, Vila-Matas, en su lista de lecturas recomendadas. Hablaba de Vilariño; pues leí algunas de sus poesías y me dejaron bastante indiferente. Como se ve soy reacio al talento comúnmente reconocido y alabado.  ¿Y a que viene este largo preámbulo destacando mi ignorancia sobre el hecho cultural uruguayo y poniéndolo en relación con mi gilipollez intrínseca y consustancial? A que considero como un gigante de la literatura,  a un escritor como la copa de un centenario pino que crece en las soleadas laderas de mi Galicia, no de nacimiento pero sí de aceptada residencia terrenal, al nativo uruguayo desdeñado, ignorado, excluido por la Wikipedia MARIO LEVRERO.  Ya lo he dicho.

No sé como conocí a Levrero (¿Sería también a través de Vila-Matas?) sí sé que mi primera lectura fue El discurso vacío. En este libro, que discurre como un diario, con sus entradas por fecha, descubrí a ese escritor minucioso en el detalle, certero observador de sus manías,  carente de sentido práctico, desordenado en sus costumbres y sus cosas, pero infatigable en su intento de dotar a la vida de una coherencia, un sentido existencial que no acaba de encontrar pero tampoco desiste de perseguir. En Levrero no hay cuestiones ontológicas, Dioses ni demonios, conceptos apriorísticos o premisas religiosas. Sus personajes – o él mismo- se esfuerzan en encontrarle sentido a cada día, aunque este sentido a veces parezca indiscernible y aunque, en el caso de sus personajes seudobiográficos, la ansiedad, las manías, la falta de disciplina y autocontrol, hagan naufragar los intentos de llevar una vida al uso. En El discurso vacío se encierra la esencia del Levrero escritor y del Levrero ser humano. Como ser humano, Levrero se nos descubrfe desorientado, indeciso, sin saber por donde tirar: “¿Qué se ha hecho de mi alma?, ¿Por donde andará? … percibo las cosas superficialmente, no tengo vivencias, estoy apartado del ser interior, demasiado apartado, y sin tener la menor noción de los caminos posibles para acercarme …”  Respecto de sus principios filosóficos, nos dice:  ” … toda creencia es falsa, es decir, no coherente con la realidad de los hechos, pobre, incapaz de abarcar toda la rica variedad y dimensionalidad del universo …. pero … mientras no sea descabelladamente delirante -y a veces a pesar de serlo- la creencia produce un efecto sumamente eficaz … De modo que para triunfar en la vida es preciso creer en algo, o sea, estar por definición equivocado“. Qué bien se da cuenta Levrero; pero su integridad moral no le permite aplicarse la medicina que el mismo recomienda. No se deja engañar, ni quiere engañar a los demás. A la vista del sinsenteido de la vida, Levrero indaga sobre la elaboración de un discurso vacío, en el que “hay un fluir, un ritmo, una forma aparentemente vacía; el discurso podría tratar cualquier tema, cualquier imagen, cualquier pensamiento … Lo que me asusta es no poder huir de ese ritmo, de esa forma que fluye sin desvelar sus contenidos. Por eso me pongo a escribir, desde la forma, desde el propio fluir, introduciendo el problema del vacío como asunto de esa forma, con la esperanza de ir descubriendo el asunto, real, enmascarado de vacío”  Esa vaciedad llega al punto en que Levrero se aplica una forma de salir adelante filosófica y si me apuras literariamente; para salir del vacío existencial en que se encuentra se dedica a practicar la caligrafía, el límite del discurso vacío, la escritura por la escritura. “Espero que la grafología me ayude, ya que los dioses me han olvidado“.   Y este sentimiento de vacío entronca con su experiencia literaria. Me parece que Levrero solo encuentra sentido a la vida a través de la escritura. El Levrero persona y el Levrero escritor confluyen indisolublemente. Levrero vive en la escritura, en la palabra. Por eso, y no podía ser de otra manera, el argumento no importa para él, lo único importante es el estilo, la forma de narrar: “La gente suele decirme: <ahí tiene un argumento para una de sus novelas> como si yo anduviera a la pesca de argumentos para novelas y no a la pesca de mi mismo. Si escribo es para recordar, para despertar el alma dormida … mis narraciones son en su mayoría trozos de la memoria del alma y no invenciones”  En Levrero lo importante es la autenticidad, la honradez, la verdad, solo se habla de lo que se puede hablar. “Me miro en el espejo y veo a alguien que no me gusta del todo, pero es alguien en quien puedo confiar. Lo mismo sucede con estas contemplaciones interiores: no importa si percibo un retrato feo, mientras sea auténtico

       

      Y se acabó de dar el rollo, porque por encima de todo, la literatura para un servidor es/debe ser entretenimiento. Si me interesó El discurso, La novela luminosa me entusiasmó. La base de esta novela consiste en lo siguiente: una Fundación paga una pasta a Levrero para que escriba un libro. Se trata de favorecer el talento dejándole tiempo libre para fluir. Y Levrero escribe el libro: En la versión cara de Mondadori, el relato diario de las cosas que le pasaban a Levrero por la cabeza durante el periodo de escritura ocupa 450 páginas; la novela propiamente dicha, apenas 100. En el diario aparece Levrero en toda su plenitud; caótico, indisciplinado, descuidado, carente del mínimo sentido práctico, observador de todo y de todos, aficionado a la literatura de serie B y C sobre todo novelas policiacas … Lo intrascendente narrado con una pulcritud, una limpieza intelectual, una sobriedad formal … literatura en el más puro sentido.

       Y me voy agotando, que para eso escribo de tirón. De su llamada  Trilogía involuntaria he leído La ciudad y El lugar (me falta París). En las dos novelas se revela esa concepción de la vida de Levrero como un viaje sin origen ni destino, del que no se sabe y respecto del que solo cabe tirar para delante sin hacerse preguntas. Los protagonistas de la novela avanzan a través de lo que parece una pesadilla para el lector, y no tanto para ellos mismos, que viven su día a día con la naturalidad del que no busca un sentido expecial a su devenir diario.

      Y ayer acabé Dejen todo en mis manos, una pieza perfecta. Aquí Levrero toma la vestidura formal de la novela policiaca y nos cuenta las tribulaciones de un escritor al que el editor no publica su libro pero le encomienda viajar a un pueblo perdido en busca de un escritor que envió un manuscrito lleno de talento, pero del que se desconoce su identidad. Este librito es un prodigio de talento literario, un placer lector indescripctible, en su sencillez, su perfección, su maestría y su sentido del humor.

       Ayer descubrí también con sumo placer que Casadellibro vende en formato ebook otros libros de Levrero que no encontraba. Gran noticia!

      Y me he cansado ya de postear. El  post ligero de Hopper me ha granjeado cientos de entradas en mi blog, que satisfacen mi amor propio bloguero. Sé que los post han de ser cortos, amenos, visuales; Sé que Levrero interesa poco, que mi entusiasmo literario puede ser excesivo para la generalidad de los lectores, pero al fin y al cabo, todo es subjetivo y hoy tenía ganas de darle gusto al cuerpo y proclamar que a mí Levrero me apasiona, me parece un escritor como la copa de un pino de mi Galicia …. etc.

    Las imágenes se han tomado prestadas de dos lugares en los que podeis consultar opiniones sobre Levrero: Hanna O. Semicz   y Taller literario de laberintos y de espejos
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Acerca de Oesido

Tengo muchas dudas y ninguna solución. Sólo sé que hay mucho imbécil, algún malvado y escasísimos sabios.
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11 respuestas a Levrero, Mario: ausente

  1. Andrea dijo:

    Hola!
    Que bien un post sobre Levrero!!! y que buen post! Disfruto muchísimo de la lectura de Levrero, me arrancan carcajadas sus obsesiones y sus fobias. A partir de La novela luminosa se produjo un efecto dominó y en poco tiempo leí toda su obra… pero lejos, lejos ese diario de la beca me parece su mejor libro.
    Felisberto Hernández es otro gran escritor uruguayo, sus cuentos y sobre todo su nouvelle Las hortensias, que narra la obsesión de un tipo por las muñecas y con aquella que tiene como amante, hacen un despliegue magnífico de lo fantástico en la vida cotidiana.
    saludos!
    A.

    • oesido dijo:

      Que bien saludar a una Levrerista; lo peor que me pasó con L es descubrir a través de su diario que compartía alguna de sus manías. Tomo nota de Felisberto H. Un saludo

  2. Manu dijo:

    Oes, lee El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano. Son historietillas, alguna no llega a las 5 líneas. Hay dos que me gustan especialmente, La Ventolera y La Alambrada. Salen en google. Dales una oportunidad.
    Su clásico por excelencia es Las venas abiertas de América Latina.
    Si quieres un póster de Forlán yo te lo compro.

    • oesido dijo:

      Je je, a mi Galeano me sonaba de un tipo especializado en el mundo de las drogas. Habrá que leerle algo. calor por Madrid? aquí no acaba de llegar el buen tiempo. Un saludo.

      • Manu dijo:

        Calor dice… Horno. Lee el libro, no te defraudará. Es de esos que se leen al azar, lo abres y lees el relato que toque.
        Galeano es muy crack, salvo cuando se arranca con el clásico discurso libertario-izquierdista-latinoamericano.
        De Benedetti hay un gran poema, se llama Hagamos un trato

  3. Mario dijo:

    me entusiasma Dejen todo en ms manos. A mi Levrero, el La ciudad, me trae a Kafka, con ese relato entre onírco y absurdo. La novela luminosa en magstral, sobre todo su diario de obsesiones y observaciones como por ejemplo el de las palomas o su locura por los juegos de la pc y la pornografía de internet. Hace poco leí La máquna de pensar: breves relatos obsurdos muy graciosos por momentos.
    saludos

  4. Valeria dijo:

    Mirá que tengo una deuda pendiente con este autor, y eso que soy argentina pero feliz me haría uruguaya. Es increíble la riqueza cultural de ese país. Te recomiendo también al brillante Onetti, especialmente “El Pozo”. Amo Uruguay, y viajé allí varias veces. Es un pais muy pintoresco que por momentos parece que quedó en el tiempo. En 2005, creo, viajé a Montevideo y pasear por la avenida 18 de julio era como un viaje a la década de los 70… y a los uruguayos les encanta ser así, pareciera. Tienen una cosa especial con la nostalgia, con el recuerdo, una relación íntima con el pasado. Es la gente mas maravillosa, educada, amable y tranquila que he conocido. Sus campos de colinas sinuosas y vacas blancas y negras brillosas y gordas pastando parecen paisajes naive y no hablemos de sus playas!!!!!!!Me falta ir a su carnaval, algun febrero de estos. El ritmo de candombe me ha dejado los mejores recuerdos de mis años universitarios. Te cuento que siguiendo tu recomendación leí a Orejudo y me encantó, y que tengo “Tiempo de Vida” en la biblioteca esperando. Saludos
    (Ah, y Gardel era uruguayo)

    • oesido dijo:

      Con tu entusiasmo, dan ganas de coger un avión hacia Uruguay ya! He leído a Onetti, pero he de reconocer que me resulta muy denso, como uno de sus posibles maestros, Faulkner. Como a Levrero, cada vez me gusta más el estilo por el estilo; leer bellas frases, párrafos o páginas sin preocuparme demasiado de la trama. Estos días tropecé con una frase de Flaubert que dice: “El estilo es por sí solo una manera absoluta de ver las cosas” Supongo que tu niña estará preciosa. Un saludo. O

  5. Gracias por la mención y saludos a los levrerianos del mundo.

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