Flaubert

      Conocer a Flaubert, más de allá de su obra, ha sido importante en mi vida de lector.  Gustave era un tío grandón, desgarbado (por no decir carente de atractivo físico), maniático, solitario, entrañable en algunos aspectos, posiblemente ridículo en otros. Estos días he releído sus Cartas a Louise Colet, la que fue su amante un tiempo, para recolectar las frases que subrayé en su día y he vuelto a encontrarme con algunas de sus perlas escritas.

      Para centrar el tema, digamos brevemente que Flaubert vivió la mayor parte de su vida encerrado en la finca familiar situada a las afueras de Rouen donde se dedicaba a tiempo completo a escribir  y reescribir sus obras. Era muy lento en su redacción y posiblemente inseguro del resultado. Aunque decía despreciar el éxito y el boato, cuando triunfó su Madame Bovary, le encantaba ir a París a recibir el aplauso y las alabanzas, aunque rápidamente retornaba a su granja a encerrarse (“Me he cavado mi agujero y en él me quedo, velando porque haga siempre la misma temperatura“). En estos viajes se hizo amante de Louise Colet y aprovechaba sus rápidos viajes para retozar con esta voluptuosa rubia. La Colet exigía a Flaubert más de su relación, pero él no estaba dispuesto a ello, así que entre dimes y diretes, acabaron rompiendo. En la correspondencia que mantuvieron Flaubert actúa como maestro, padre y lo que más me interesa se explica a sí mismo como hombre y escritor.

     Es curioso que por un lado F. consagre su vida a su obra literaria, a la que dedica cuerpo y alma, cuando por otro lado tiene una visión tan agridulce de la propia condición humana y del destino del hombre. “Ser tonto, egoísta y tener buena salud, son las tres condiciones requeridas para ser feliz, pero si nos falta la primera, todo está perdido“. F. expresa repetidas veces su concepción de la vida como algo poco serio:  “Lo grotesco triste tiene para mí un encanto inaudito, corresponde a las necesidades íntimas de mi naturaleza, que es bufonescamente amarga“; “Lo que me impide tomarme en serio … es que me encuentro bastante ridículo … con ese ridículo inherente a la propia vida humana, y que brota del acto más sencillo o del gesto más ordinario”  Esta concepción grotesca no es incompatible con el gusto por la belleza. “Las tres cosas más hermosas que ha hecho Dios son el mar, Hamlet y el Don Juan de Mozart“; y sus principios son claros: “Lo que me gusta por encima de todo es la forma, con tal que sea hermosa, y nada más

       Al final, lo que sucede, como casi siempre, es que en Flaubert confluyen dos personas: el artista que busca la belleza y el ser humano con sus limitaciones y su gusto por lo mundano. “Es curioso lo bien que siento la comicidad, converjo en ella cada vez más a medida que me vuelvo menos alegre, pues es la última de las tristezas“. “Hay que vivir la propia vida en dos partes: vivir como un burgués y pensar como un semidiós. Las satisfacciones del cuerpo y las de la cabeza no tienen nada en común”  Y se lo decía a la Colet!

      Flaubert vivió como un burgués pero aunque parezca contradictorio con ello, consciente de la obligación moral que tenía con su talento. Por eso escribió: “Cuidemos de gastar nuestras monedas de oro en calderilla

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Acerca de Oesido

Tengo muchas dudas y ninguna solución. Sólo sé que hay mucho imbécil, algún malvado y escasísimos sabios.
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6 respuestas a Flaubert

  1. calledelorco dijo:

    La correspondencia de Flaubert no tiene precio… Tenía una concepción muy suya de la conciencia, lugar donde se mezclaban movimientos contradictorios. Cuando lloraba se miraba en el espejo. Siempre todo al mismo tiempo. Por eso fue un verdadero maestro de la ironía, la doble enunciación, el estilo indirecto libre…

  2. Hola.

    Muchas gracias por realizar este acercamiento a Flaubert. Apuntaré el título.

    Saludos.

  3. oesido dijo:

    Un saludo. Ahora te sigo.

  4. Valeria dijo:

    Me gusta muchísimo Flaubert y me quedé impactada por cómo plasma en su correspondencia es esfuerzo en la escritura, el desgaste emocional que le producida y la total conciencia de su genio. Tengo una deuda con “La educación sentimental”. Saludos

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