Manganelli, un ciento de ellos

          Cuando yo era joven e indocumentado (ya no soy joven) creía que el canon de la novela era inamovible: un argumento con su planteamiento, nudo y desenlace. Ahora ya sé que la cosa no sólo no es necesariamente así, sino que incluso las variantes son lo más atractivo de la lectura. Hay un tipo de novela o comosellame que me gusta mucho, más que nada por la posibilidad de leerla a salto de mata, que es la novela hecha de pequeños capítulos, micro-relatos, parrafadas sueltas o semblanzas que se articulan bajo un hilo común o no tan común. Así de golpe recuerdo de este tipo Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, el Libro del desasosiego de Pessoa y ahora mismo y es la lectura  que ha motivado este post el Libro de los abrazos  de Eduardo Galeano, que me recomendó Manu.

     Pero de este tipo de libros uno de los que más entrañable me resultan es Centuria de Giorgio Manganelli. Se estructura en cien capítulos de escasas dos páginas cada uno. Cada capítulo encierra una historia, el planteamiento de una historia o la presentación de un personaje o personajes,  envueltos en la irrealidad, el absurdo o la pura contradicción .  Lees un capítulo y su ingenio, su humor, incluso su ternura, siempre consigue interesarte, despertar tu atención, tu sonrisa. Un parrafito de ejemplo cualquiera: “En esta calle, en la casa de la esquina vive el Asesino; …. el Asesino es un hombre tranquilo, que sería benevolente y amistoso, de no haberle tocado en suerte esa profesión que, por otra parte, le gusta. Naturalmente, jamás ha matado a nadie, pero pasa todo el día dedicado a proyectar despiadados homicidios, y ha reunido en su casa armas de todo tipo que no sabe utilizar. Por todo ello, recibe una modesta pensión, dirigida al señor Asesino. El hecho de ser asesino le permite algunas experiencias que en caso contrario le estarían negadas: los sentimientos de culpa, el temor a ser descubierto, la necesidad de borrar cualquier huella, el arrepentimiento y la esperanza en una contricción final“.

     Otro ejemplo: “El inventor del cisne negro es un hombre melancólico, que rara vez se despoja del abrigo, y anhela vivir en un universo a poder ser más amable; por dichos motivos ha elegido el cisne, animal elegante, taciturno, acuático, y le ha sumado la fascinación de una viudedad putativa. Considera al cisne negro uno de sus inventos más afortunados, y el cisne le compensa mirándole de lejos con ojos llenos de afectuosa melancolía“.

        Centuria.- Giorgio Manganelli. Traducción de Joaquín Jordá.- Editorial Anagrama

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Acerca de Oesido

Tengo muchas dudas y ninguna solución. Sólo sé que hay mucho imbécil, algún malvado y escasísimos sabios.
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9 respuestas a Manganelli, un ciento de ellos

  1. lahierbaroja dijo:

    No conozco a Manganelli, pero coincido contigo en una cosa: creo que en general los lectores siempre pensamos que una novela tiene los tres aspectos básicos que comentas. Después uno crece y ve que no, que hay muchas posibilidades. La verdad es que disfruto mucho con los libros atípicos. Cada vez más. 🙂

  2. Valeria dijo:

    Muy buenas citas, tomo nota. La colección “otra vuelta de tuerca” está sumando cada vez protagonismo en mi biblioteca.
    “El libro de los abrazos” ha sido un libro leído y releido en mi adolescencia. Tengo un CD con los textos leídos por el autor, que además es un show man total, razón por la cual no sólo los lee, sino que los interpreta de maravilla.
    Con la misma metodología, Galeano escribió la trilogia de las Memorias del Fuego, una suerte de repaso histórico. De los tres libros, el tomo III “El siglo del viento” dedicado al siglo XX, ha sido el manifiesto de mi etapa de militante de izquierda, leido en marchas de las Madres de Plaza de Mayo hasta el cansancio e impreso infinitamente en panfletos soñadores.
    Ya en una etapa mas burguesa, disfruté mucho de “El primer trago de cerveza” y “La siesta asesinada” de Philippe Delern.
    Y otro que viene a la memoria al leer los párrafos que has elegido: “Crónicas del Angel gris” de Alejandro Dolina.

    • oesido dijo:

      Tomo nota de los autores que citas. Galeano es un descubrimiento muy agradable aunque huiré de los textos más incendiarios, porque en mi caso me hallo inmerso en el aburguesamiento más absoluto. Estoy hecho un flaubertiano total. Saludos

  3. digodiegox2 dijo:

    mira que pensé en Galeano antes de leer el post…
    Y está bien que leamos sin poner etiquetas a lo que es: disfrutar de la buena literatura no debe de estar reñido con su estructura.
    saludos 😉

    • oesido dijo:

      Por un momento me has despistado, pero aunque mis neuronas se autodestruyen segundo a segundo, ya me parecía a mi que este Diego me sonaba …. saludos

  4. Henry Perril dijo:

    Me gustó la entrada, pues siempre recurro a esas lecturas que reinventan lo breve. Aunque siento diferir en una de las disertaciones. Si bien es cierto que las novelas pueden tener una estructura distinta a la que todos conocemos, no creo que los libros de Galeano (‘El libro de los abrazos’ es uno de mis preferidos) puedan ser consideradas novelas. Entonces todo libro de relato breve, o crónica, podría ser una novela. Es difícil catalogarlo, es cierto, pero no son novelas. Hablar de una novela sin planteamiento, nudo y desenlace, pero que sea novela, puede ser ‘Rayuela’ o ‘Claus y Lucas’ de Agotha Kristoff, trilogía que en su primera parte está narrada con breves historias, casi indepentiendes, pero que arman ese mundo al que podemos llamar novela. Gracias por las otras recomendaciones, a por ellas.

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