Jean Rolin. La cerca

      ney2

      De mi estancia en la librería Tipos infames,  me traje dos novedadedes y una revisita al bueno de Capote. Una de las novedades es La cerca de Jean Rolin. En este libro, Rolin nos transporta a los alrededores del Boulevard Ney, que es un espacio  periférico del gran París y como minucioso guía turístico nos transporta por sus avenidas y calles, mostrándonos sus edificios, museos y fábricas, y también y sobre todo, sus detritus. Al mismo tiempo, Rolin nos hace un breve repaso de la vida de quien da nombre al Boulevard y que sirve de pretexto para el viaje infraurbano: El Mariscal Ney, Duque de Elchingen, príncipe de la Moskova. Con Ney viajamos por los campos de guerra napoleónicos, hasta llegar a Moscú, y de vuelta a casa. La vida de Ney es una viaje de ida vuelta desde la mediocridad a la gloria y de ésta a la derrota y la muerte. La historia del Boulevard que lleva su nombre, sus calles y gentes, es, igualmente, un trajinar de personas que van y vienen. Como las agotadas tropas napoleónicas retrocedían derrotadas y maltrechas desde las estepas rusas, o al cabo de un tiempo caían diezmadas en los campos de Waterloo, estos modernos ejércitos parisinos vagan sin sentido por las calles que hoy ocupan los antiguos campos de batalla. Las tierras del histórico Waterloo, están ahora ocupadas por viejos edificios, estaciones de tren y espacios vacíos, terraplenes y descampados por los que pasean vagabundos, prostitutas de diversas razas, drogadictos y otros seres de variado pelaje.

   El lápiz de Rolin se desliza por calles, edificios y bares que dibuja con trazo rápido. Su cámara de fotos apunta y dispara. Es un cronista que describe y fotografía. Y el resultado es una acumulación de nombres, de espacios abiertos y pequeños rincones ocultos. Pero en su crónica hay un sentido o un sin sentido. La historia de la humanidad, es un río de gentes que van y vienen, de calles sin principio ni fin, de cruces de todos los caminos, y de gentes que se afanan para no se sabe qué. De tantas cuitas apenas queda nada: chatarra, piedras, y nombres, nombres  de calles, de estaciones, de antiguas batallas. Su gloria, cuando la hay es efímera. Apenas dejan, dejamos, recuerdos. Nuestras huellas se borran y nuestros despojos se reparten entre los que quedan. Como mucho quedan los nombres, las palabras, las letras que luchan por breve tiempo contra el olvido.

   En el cuadro  de Jean Leon Jerome sobre el fusilamiento del Mariscal Ney, que se encuentra en el museo Graves Art Gallery de Sheffield, observamos el cadáver de Ney, arrojado en el barro, después de ser fusilado, mientras el pelotón que lo ejecutó abandona la escena. Pronto, por la derecha de la escena, aparecerán los sepultureros para recoger el cadáver.  Polvo y miseria.

     Un gran libro.

Anuncios

Acerca de Oesido

Tengo muchas dudas y ninguna solución. Sólo sé que hay mucho imbécil, algún malvado y escasísimos sabios.
Esta entrada fue publicada en Literatura y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s